Dar gracias de corazón es algo que se me resiste tanto como pedir perdón. Debido a esto, es muy probable que la gente piense que no valoro lo que hace por mí pero se equivoca. Hoy, sin ir más lejos, voy a intentarlo... aunque no sepa.
Gracias por todo. Por estar ahí cuando todo comenzó. Por aquellas interminables horas en urgencias, alimentándonos de café de máquina, tiradas en aquella sala mientras las horas pasaban viéndonos reir por no llorar. Por cada día, desde entonces, preguntándome qué tal va todo. Por cada llamada tras un susto, por cada toque cada noche. Por acompañarme a todas y cada una de las pruebas médicas. Por ayudarme a no exteriorizar lo que guardo dentro cuando no toca. Por dejar todo aparcado para estar ahí cuando se te necesita. Por hacerme fácil el camino a pesar de su dureza. Por ocupar mi lugar cuando no puedo estar. Por cada abrazo, cada beso, cada palabra de ánimo y cada acierto. Por todo, María, por todo.
Quizá no sepa explicarlo con palabras pero... muchas gracias, de verdad.

