Ya me lo dijo mi Canija favorita... "Mery, de una hetero, ni se te ocurra".
Tarde... siempre tarde.
Es fácil, siendo hipócrita, callar al corazón. Hay días que lo intento.
Me levanto de un salto, pongo la música a todo volumen y me crezco en el aseo entre espejos y agua caliente. Al bajar, un vecino me saluda y, muy educadamente, me abre la puerta. Así que salgo a la calle radiante y con la cabeza bien alta. Dibujando una sonrisa de oreja a oreja, doy toques al balón de algún niño que corretea por el barrio y hago equilibrios en los bordillos que separan la acera de un pequeño parque. Ya dentro del coche, me creo Dios. Entonces llego al trabajo en un suspiro, la veo e intento esquivarla.
Pero al volver a casa, tras ocho horas en silencio, el corazón revienta y el trayecto se me hace largo. Oscuridad. Rodeo el parque, aparco lento. Tropiezo con un bordillo, blasfemo, nadie me escucha. Ya no hay niños a esas horas. Tengo frío y la cerradura del portal se resiste. Llego a casa, entro al aseo, evito los espejos y me desmaquillo con agua fría. Oigo a mi madre toser.
- ¿Qué tal el día?
- Bien, el día bien...

