Arrancar de raíz... ciento volando.
Me resulta cómica nuestra nueva situación. Hubiera preferido tener cinco años para afrontar esto, ya que al día siguiente todo se hubiera olvidado con un apretón de manos. Pero claro, como personas adultas que somos, si nos cruzamos, tenemos que hacer como que no ha pasado nada, convivir con la tensión de aquello que sólo estalla entre dos y, de paso, ni siquiera mirarnos a los ojos. ¿Es necesario tanto teatro? ¿No hubiera sido mejor dejarlo estar?
Las dos y ninguna llevábamos razón. Tu porque ese no era el momento ni el lugar, las maneras ni las palabras. Me malentendiste. Yo porque no fui clara desde el primer día. Te malentendí. Todo cae por su propio peso.
Juzga el que no sabe, sabe el que no juzga.
Reconozco que me dolió el momento. No porque me importaras demasiado sino por el peso de la palabra amistad. Es fácil entender recibir lo que tu crees devolver y muy sencillo convencer cuando la confusión ya se ha colao por el balcón. Pedir las cosas claras es inútil cuando hacerse la tonta tiene premio. Era cosa de dos.
Me alegro, entre comillas, de que el juego se haya terminado porque mi intención nunca fue jugar a confundir y ser confundida. Para eso me hubiera pillado un libro de sudokus. De todos modos, no fui yo la primera que le dio a enviar y sí la última que te sonrió. Por ello, con la conciencia bien tranquila, me limito pasar página aunque por el camino, se me olviden cosas tan poco importantes como la de que contigo conseguí olvidar hasta su nombre.
A rey muerto... buena sombra le cobija.