Agotada, física y psíquicamente.
El cansancio físico pienso que lo vengo arrastrando desde la cena de empresa que tuvo lugar el jueves pasado. Hasta que formalicé mi situación, llevaba un año trabajando los fines de semana hasta altas horas de la noche y, acababa tan rendida, que no tenía ganas de salir de fiesta. Mis salidas se resumían en fumarme un peta un sábado en el local de un amigo o fumarme dos un domingo en casa de una compañera de trabajo. Llevaba tanto tiempo sin beber, que con tres o cuatro cubatas caí, en picado además, en ese pozo sin fondo donde se viven experiencias tan comunes como: exaltación de la amistad, afianzamiento del baile memuevotoacubataenmano-tocodetósincortarmená, pérdida total de la poca o mucha vergüenza que tengas para relacionarte, aparición de lagunas mentales o esa maravillosa capacidad de analizar revelaciones de secretos tan importantes y, de vital importancia, como quién te ha tocado en el amigo invisible.
Eso sí, me lo pasé de maravilla.
Pueden también ser causas de ese cansancio físico el incremento de trabajo debido a la navidad, las idas y venidas a la universidad pidiendo prórrogas para la entrega trabajos o que el domingo me pasara 17 horas en urgencias con mi madre y desde entonces lleve pendiente de ella 24 horas, sin apenas dormir.
Estoy tan liada que no me ha dado tiempo a adornar un poco la casa, a darle ese toquecillo navideño que, aunque sea puro marketing, da vida al hogar. Mi jefa me ha dado libre este próximo finde y, con él, lunes y martes. Será entonces cuando me crezca y quite el cartelito de fuera de servicio de esa puerta llamada corazón.
El cansancio físico pienso que lo vengo arrastrando desde la cena de empresa que tuvo lugar el jueves pasado. Hasta que formalicé mi situación, llevaba un año trabajando los fines de semana hasta altas horas de la noche y, acababa tan rendida, que no tenía ganas de salir de fiesta. Mis salidas se resumían en fumarme un peta un sábado en el local de un amigo o fumarme dos un domingo en casa de una compañera de trabajo. Llevaba tanto tiempo sin beber, que con tres o cuatro cubatas caí, en picado además, en ese pozo sin fondo donde se viven experiencias tan comunes como: exaltación de la amistad, afianzamiento del baile memuevotoacubataenmano-tocodetósincortarmená, pérdida total de la poca o mucha vergüenza que tengas para relacionarte, aparición de lagunas mentales o esa maravillosa capacidad de analizar revelaciones de secretos tan importantes y, de vital importancia, como quién te ha tocado en el amigo invisible.
Eso sí, me lo pasé de maravilla.
Pueden también ser causas de ese cansancio físico el incremento de trabajo debido a la navidad, las idas y venidas a la universidad pidiendo prórrogas para la entrega trabajos o que el domingo me pasara 17 horas en urgencias con mi madre y desde entonces lleve pendiente de ella 24 horas, sin apenas dormir.
Estoy tan liada que no me ha dado tiempo a adornar un poco la casa, a darle ese toquecillo navideño que, aunque sea puro marketing, da vida al hogar. Mi jefa me ha dado libre este próximo finde y, con él, lunes y martes. Será entonces cuando me crezca y quite el cartelito de fuera de servicio de esa puerta llamada corazón.