12.1.07
Confesiones
Nunca supe muy bien el motivo de pertenecer a un colegio de integración. Bien es cierto que siempre he sido problemática pero pienso que el estar ahí me hizo serlo aun más. No me avergüenzo de nada si digo que me crié en la calle, escuela donde aprenden débiles y fuertes por igual. No me gustaba estudiar, de hecho creo que no he estudiado en serio jamás, independientemente de que tenga una carrera y pretenda hacer un master en no sé qué. Me echaba un ojo, porque no se le puede llamar cuidar, una mujer que nos daba de comer a la vez, a su perro y a mi, en el mismo plato. En aquella casa aprendí más que en cualquier colegio. Aprendí a follar y todavía me acuerdo. Sin embargo, aun siendo maestra, la tabla del nueve por mucho que la haya memorizado aun me baila.
Hablo de aquella época porque anoche soñé con algo que me ocurrió por entonces, que no recordaba y que volví a revivir. Me había pasado la tarde en un bar del barrio jugando con una máquina recreativa. Siempre era mejor opción aislarse en el bar que ver como se moría cualquier gilipollas de sobredosis o se ahorcaba algún desgraciao. Esa tarde mi madre estuvo buscandome para ir a casa de una amiga. Cuando llegamos, me presentó a las dos hijas de esta y, mientras ellas tomaban café, nosotras nos dedicamos a jugar al monopoli. La pequeña, aburrida, se tumbó en la cama y se quedó dormida. Nosotras seguimos jugando y cuando no tuvimos nada con lo que pagar nuestras deudas, mi compañera de juego se sentó encima del tablero y, siempre delicada, agarró mis manos y las colocó con suavidad en sus senos:
- ¿Lo notas?
- No...- Los pezones, mira...- ¿Qué?- ¡No ves! Se hacen grandes...- Porque tengo las manos frías…- Cuando me miras también me ocurre...Hicimos el amor como buenamente pudimos, o supimos más bien, y aunque a la mañana siguiente el hijo de puta de mi novio me follara hasta el corazón, jamás llegué a sentir nada. Ni con él, ni con los que vinieron después. Y me resulta gracioso porque, analizándolo bien, puedo decir que aposté mi heterosexualidad en una partida de monopoli y la perdí... o mejor dicho, me la dejé ganar.